Space Jam- El Juego Del Siglo Review
¿La recomiendo? Absolutamente. Es una cápsula del tiempo. Es la prueba de que el baloncesto puede ser magia. Y es, sin ninguna duda, la mejor película donde un atleta real pelea contra aliens mientras Bill Murray reparte chistes malos.
Luego está la banda sonora. No se puede hablar de Space Jam sin mencionar la música. El tema principal de Quad City DJ’s, "Space Jam" , es un himno. Ese bajo, ese "Everybody get up, it's time to slam now"... instantáneamente te transportas a una pista de patinaje sobre ruedas en 1997. Y luego tienes a R. Kelly con "I Believe I Can Fly" , una balada que no tiene nada que ver con dibujos animados jugando baloncesto, pero que de alguna manera funciona como el himno motivacional más grande de la década. Lo bueno: La animación. Aunque hoy en día la veamos un poco granulada, en 1996, mezclar acción real con 2D era brujería. Los personajes interactúan con las sombras, tocan objetos reales y reflejan luces. Cuando Michael Jordan le da la mano a Bugs Bunny, la ilusión es casi perfecta. Además, la química entre Jordan y los dibujos es genuina. Jordan no es actor, y se nota, pero su torpeza natural lo hace más entrañable.
Representa un momento en que las marcas, el deporte y la animación chocaron sin vergüenza. Michael Jordan estaba en la cima del mundo, los Looney Tunes eran íconos centenarios, y la NBA era un producto global. La película es esencialmente un comercial de 90 minutos de Nike, McDonald's y la Warner Bros., y nos encanta. Space Jam- El juego del siglo
La subtrama humana. Todo lo que pasa fuera del mundo de los Looney Tunes (la familia de Jordan, el mánager Stan Podolak interpretado por Wayne Knight, las negociaciones con la NBA) envejeció como la leche. Son escenas largas, aburridas y que frenan el ritmo de la locura animada. Queremos ver al Pato Lucas morderle la pierna a Michael Jordan, no ver a Michael hablar con su agente sobre cláusulas de contrato.
Agarren sus zapatillas (las que se atan solas, idealmente) y entremos a la cancha. Para los que no la recuerdan (¿cómo se atreven?), la trama es sencilla: Un joven Michael Jordan se retira del baloncesto para probar suerte en el béisbol (sí, eso realmente pasó). Mientras tanto, en el planeta Moron Mountain, el despiadado propietario de un parque de atracciones, el Sr. Swackhammer, quiere nuevas atracciones. Sus secuaces, los Nerdlucks (Poncho, Vapor, Nerdluck, etc.), son enviados a la Tierra para secuestrar a los Looney Tunes. ¿La recomiendo
El Pato Lucas está particularmente ácido. Su frase "¿Estás diciendo que no soy gracioso? ¡Yo soy graciosísimo! ¡Soy el pato más gracioso del mundo!" mientras golpea a Jordan con una silla es un momento de comedia pura. Y el Gato Silvestre, eterno incomprendido, tiene su momento de gloria al final: "¡Lo logré, pajarito!" (spoiler: no lo logra).
Es ridículo. Es absurdo. Es perfecto.
Pero la cereza del pastel es el "Pato Lucas Camaleónico". Cuando el tiempo se acaba, Lucas usa un espejo para engañar a los Monstars, se estira y encesta un triple invertido. La lógica se fue por la ventana hace rato, pero estamos sonriendo demasiado para quejarnos. Space Jam no es Casablanca . No es El Padrino . Ni siquiera es Toy Story (que salió el mismo año y es objetivamente una mejor película). Pero Space Jam es nuestra .
Hay películas que son cine. Hay películas que son arte. Y luego hay una pequeña joya de 1996 donde Michael Jordan se estira el brazo como chicle, un conejo animado usa una camiseta de los Tune Squad y Bill Murray aparece sin explicación lógica. Estoy hablando, por supuesto, de Space Jam: El juego del siglo . Es la prueba de que el baloncesto puede ser magia
